miércoles, 29 de abril de 2009

Los videojuegos en el ámbito educativo


No me resulta fácil expresar mi opinión respecto al uso de los videojuegos. Soy una parte de esos docentes que rechazan el papel de los videojuegos como un elemento de interés educativo, y no me gustaría se etiquetada como anticuada o de mente cerrada, más tratándose de ésta asignatura que debe enseñarnos el mundo de la tecnología.


Muchos son los autores que destacan el potencial educativo de los videojuegos y defienden la incorporación de estos en los centros escolares como forma de integrar la escuela en el entorno digital.


Defienden los videojuegos como recurso educativo motivador e innovador, que además permite trabajar determinadas competencias y habilidades: facilitan la adquisición de habilidades manuales, coordinación, orientación espacial; favorecen situaciones en que es necesario el uso de habilidades y estrategias cognitivas como la toma de decisiones y la resolución de problemas; estimulan la satisfacción y el sentimiento de superación personal; proporcionan auto confianza y ayudan a aumentar la autoestima; favorecen la interiorización de normas y pautas de comportamiento social, permiten exteriorizar y expresar emociones y sentimientos; generan situaciones de interrelación con otros compañeros de juego y de aprendizaje cooperativo; y por último son una forma de acceso al mundo de la tecnología, un recurso de alfabetización en los nuevos medios digitales de acceso a la información y comunicación.


Es curioso leer cómo todas estas habilidades y competencias pueden ser adquiridas con un solo medio, y los mayores defensores de esta utilización sean las propias empresas productoras de dichos juegos. (Las iniciativas de muchos proyectos educativos con estas tecnologías son respaldadas por empresas productoras, como ejemplo la Universidad de Alcalá y la empresa EA).


Sus argumentos se fundamentan en los beneficios del juego en edades escolares. Nadie duda del valor educativo del juego. Pero es aquí donde nos confunden. El juego proporciona unas habilidades y estrategias que nos ayudan a formar nuestra personalidad; el juego genera placer; moviliza al sujeto (desarrollo motor); desarrolla la creatividad la curiosidad y la imaginación; activa el pensamiento divergente (resolución de problemas); favorece la comunicación, la integración y la cohesión grupal, y facilita la convivencia.


Pero todo esto lo proporciona el juego imaginario, en el que el niño es libre de elegir, crear, imitar… pero de una forma libre, no estructurada. En los videojuegos, los niños tienen reglas establecidas que seguir y rara vez tienen una oportunidad para discutir, negociar o cambiar las reglas. Por lo tanto no resulta tan sencillo desarrollar estas destrezas.


Cuando defienden la socialización, la superación personal, interiorización de normas, resolución de problemas… me imagino a un grupo de niños jugando un partido de fútbol y solucionando entre ellos las pequeñas discusiones que surgen. No me cabe duda, de que esta forma de aprender habilidades me resulta mucho más saludable y lúdica que un videojuego.


Los niños aprenden mejor cuando tienen bastantes oportunidades para explorar, crear, e iniciar sus propias actividades para aprender a su propio ritmo, y experimentar su mundo en forma tangible, ya sea construyendo torres con bloques o visitando un zoológico. Los mejores videojuegos no podrán reemplazar a los juegos en vivo. Los profesores debemos utilizar las excursiones, la literatura, los videos para ampliar el repertorio de temas y roles de juego de los niños.


Dejemos los videojuegos para el ámbito familiar, tiempo de ocio, en la que siempre será necesaria una adecuada información respecto a la conveniencia del uso de diversos juegos y el tiempo dedicado a ellos. No potenciemos el uso de esta herramienta en la escuela desde la escuela, las grandes empresa creadoras de estos productos tienen un gran presupuesto en marketing para globalizar este entretenimiento.


No nos dejemos seducir. Quieren vendernos este producto como un recurso que será la panacea a muchos de los problemas actuales de educación. Sin embargo, esta sociedad actual que se deja llevar por el materialismo es la que genera los problemas. La solución está en nosotros, no hacen falta materiales tecnológicos de última generación para ofrecer la mejor educación.


Edurne Echaniz

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